Un mes que sabe a más de cuatro semanas, la vida a intensidad superlativa, los mejores años, los miedos más profundos, la nostalgia, los lunes, los semáforos, el banco de las siete menos diez, la indefensión, los clavos ardiendo, los aciertos, los abrazos, la risa, los madrugones, la cerveza, las palabras, los conciertos que no vimos, el adiós a los cimientos, el ir y venir de los motivos, el vaivén de los principios, las alitas con pelos, las clases de los jueves, las noches, las caras de los viernes, lo ambiguo del sábado, la tarde del domingo, el desorden de los lunes, la línea 3, el saberse parte de, los que son ya indispensables, la hoja de firmas, coño; los días malos, las peras, el café, lo que aprendemos, lo que olvidamos, lo que recordamos a diario, las lágrimas que sujetamos (o no), las reuniones urgentes, el camino, las apuestas a la hora de comer, la promesa de centrarse, los besos de buenas noches, las sábanas que nos buscan, los miedos, los viajes, la vida.